martes, 8 de mayo de 2007

Creo que hablo en gatuno

Uno llega cansado del laburo y... bueno, aunque uno esté fresco como para hacer el rally Paris-Dakar al trote, queda bien decir que llega "cansado del laburo", sino parece que uno fuera un estatal.

Cuestión que abro la puerta, y mi bellecita me lleva a la cocina, con la risa entre los dientes, que se le escapaba como la mayonesa cuando apretás un sánguche. Veo un recipiente verde, que usualmente está contra la pared, vacío y fuera de lugar.

Nuestro gato (gata en realidad) no es cualquiera. Tiene varios atributos que la diferencian de cualquier Félix que anda por ahí. En este caso, les comento que tiene personalidad, y si te tiene que agradecer, se acurruca y te lame, pero si te tiene que putear, te putea y mucho.

¡El gato se quedó sin comida! Y, en señal de protesta, le pegó a su platito y lo movió. No sin antes zamparse hasta el último "royal canin" que había, por supuesto. Les juro que es la protesta del animal. Y si tenía alguna duda...

Mi "co-bloguera" hizo un experimento, como si fuera el Doc Brown. Le puso 1, 2, 3 cachitos de comida, ni más ni menos. El felino, re cagado de hambre, ni se agazapó para lanzarse encima de su alimento. Claro, eran 3, por chiquita que es, se los mandó al toque. Y ahí... se dió vuelta, a un lado, al otro, profirió miradas que helarían la sangre de Bruce Willis en "Duro de matar", y nos reputió. Repetidas veces. Quien no haya visto la mirada enfurecida de una gata, no sabe lo que es el miedo.

Así que nos apiadamos y "ponele comida al pobre animal". Y ella contenta, se nutrió y se metió abajo de la estufa pa' bajar, nomás.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Por que no contás la paliza que te puse el sábado en el párpado izquierdo. Ya sabés quien manda ahora. Quiero Whiskas on the rock. YA!!.