domingo, 13 de mayo de 2007

Los Mitos de mi Historía 1

Cuando era pequeña creía en la literalidad del discurso. Si me decían "Rolandito robo un lápíz, no se como no se le cae la cara de vergüenza!!!" yo creía fervientemente que podía desprenderse pedazos de la dermis, producto de la "vergüenza". De esta misma manera, creía todo lo que escuchaba, recreando en mi cabeza imágenes mentales de las más diversas índoles, pero a la vez muy literales.

Mi padre, amante de las exageraciones del lenguaje, solía decir que tal o cual "cagó fuego", que tal o cual es un "cara rota" y -refiriendose al gallego Serafín del almacén - "ese gallego culo seco", entre otras cosas.

Muy bien, el tema es que yo me imaginaba que eso era real. Me imaginaba que uno realmente podía "cagar fuego" y no sólo eso, sino que me imaginaba que si uno comía mucho Ketchup, o la comida muy condimentada, podía estar tranquilamente sentado y que repentinamente se le salga una llamarada del culo y muera a raíz de eso (con el orto todo quemado por supuesto).

"Cagar fuego" literalmente, como sentarse en el retrete y de golpe "banggg" un fogonazo se vislumbraba por debajo de la puerta del baño, y al rato nomás anunciaban su fallecimiento.

Una vez, al enterarme del deceso de algún famoso, fui corriendo a preguntar "y cagó fuego?" a lo que me contestaron afirmativamente... traducción: cada vez muere más gente "cagando fuego". Obviamente, lo que yo quería averiguar era el motivo, pero nunca fue interpretado de esta forma por los mayores.

Si escuchaba "Si, invitalo a Ojeda, que nos hace cagar de risa" yo, por las dudas trataba de no reirme de más (al menos, no en lugares públicos), mientras trataba de explicarme por qué los adultos no encontraban una manera más natural de mover el esfínter sin tener que llamar a Ojeda.

Algo muy común era decir sobre otro que estaba esperando un transporte público, "pobre, miralo a ese flaco cagado de frio en la parada". Yo pensaba en lo repugnante de la situación. Ni hablar de cuando "ese flaco" era alguien del barrio. No podía imaginarmelo, sino con un bulto en la parte trasera del pantalón.

Típica era la frase " no me hinchés las pelotas", pero a esa edad no me imaginaba ni como eran.

En fin... supongo que eso explica muchas cosas... sobre todo, el porqué terminé estudiando psicología.

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